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¿ESPACIOS PÚBLICOS PRIVATIZADOS?
El espacio que se ubica entre el pabellón más septentrional del antiguo cuartel Diego Salinas y la actual comisaría de la Policía Local de San Roque, al que se accede por la calle Camino del Almendral, está siendo "privatizado".En la imagen se observa la edificación de una mediana, que acogerá el mecanismo para activar la barrera ya instalada que impide el acceso de vehículos. Al parecer, este espacio se va reservar para los policías municipales como aparcamiento privado. Aquí surgen las
preguntas que me parecen pertinentes y que formulo para conocimiento de los ciudadanos de San Roque. He de decir que siempre parto en este caso del "supuesto" y el beneficio de la duda, en el sentido de mantener en el terreno de la hipótesis si este espacio será exclusivamente para vehículos municipales o servirá también para estacionar vehículos particulares.1) ¿Es legal (y cívicamente moral) que un espacio público que pertenece a todos los ciudadanos de San Roque sea privatizado para uso particular de un colectivo?
2) Si concedemos, cosa que me parece lógica, la necesidad de un espacio para el aparcamiento de los vehículos de uso municipal, que se reserven el número de plazas necesarias para éstos. Pero en caso contrario, estimo muy cuestionable la pertinencia de que ese espacio público sirva para los vehículos particulares de ningún colectivo.
Por la misma regla de tres, deberían tener derecho los trabajadores municipales de los servicios más próximos a dicho aparcamiento: Juventud y Festejos, Bibliotecas, incluso Servicios Sociales. Y por tanto, en consecuencia, todos los trabajadores municipales de todos los departamentos podrían exigir plazas de aparcamiento cercanas a su lugar de trabajo. Pero en éste caso, se discriminaría a los ciudadanos que no tienen empleo en ningún departamento municipal, prohibiendo el uso de un espacio público que les pertenece. No olvidemos que a la hora de pagar impuestos, pagamos todos, teóricamente.
Observemos el hecho ahora desde otra perspectiva: la de los miembros de la policía munipal. Se podrá argüir que de esta forma, al acudir a su puesto de trabajo, no ocuparán plazas de aparcamiento de la calle Camino del Almendral, facilitando su uso para los vecinos. Pues resulta que la Calle Camino del Almendral ha devenido una de las más transitadas en los últimos años: en horario laboral matutino por la cercanía de los Juzgados, Registro de la Propiedad, Bancos, etc. lo cual ya es un problema para los vecinos para aparcar en esta franja horaria. En segundo lugar, los domingos, con el Mercadillo, es imposible aparcar a partir de cierta hora de la mañana hasta las 15:00 horas. Luego en tal caso, por qué no podrían los vecinos de esta calle usar ese aparcamiento con el mismo derecho que los miembros de la policía. Consecuencia de ésto es que el resto de los cidudanos también podrían verse discriminados.En conclusión. Si se trata de plazas exclusivas para vehículos de uso municipal, vehículos oficiales, me parece bien la habilitación de un espacio exclusivo para su estacionamiento. Pero sí además va a permitir el estacionamiento de vehículos particulares de estecolectivo de trabajadores municipales, o de cualquier otro, me parece que se entraría en conflicto respecto de las razones argumentadas inicialmente. Y yo, por lo que veo (y muestran las imágenes), veo mucho vehículo particular estacionado en este espacio público, cosa que me preocupa como ciudadano y como residente en la calle Camino del Almendral.
Por favor, razonemos todos, la mejor ideología es el sentido común.
CRÍTICA EXPOGRÁFICA (3): MOBILIARIO URBANO INÚTIL (1)
Hace unos años, bajo gobierno conjunto del PP y USR, tras la famosa moción de censura a la que sometieron al por entonces alcalde, se adquirieron e instalaron una serie de kioskos de madera, -uno de los cuales se instaló en el paseo de la Alameda, en su extremo occidental-, cuya función inicial era la de informar a los visitantes de San Roque.

Se trata de un kiosko de madera que inicialmente fué ocupado por una persona contratada en el plan de choque, encargada de sumistrar información, folletos, programas, etc. a ciudadanos y visitantes. Pronto quedó demostrada su escasa utilidad, pues casi nadie acudia a dicho punto para obtener información, y tan sólo sirvió para tener a una persona pasando frío y calor a lo largo del año dentro del exiguo espacio.
Cuál fue el coste total de la adquisición e instlación del kiosko, es algo que desconozco de forma exacta, pero me atrevería a aventurar que superó el millón de pesetas (6.000 €), vistos los materiales, el diseño y el acabado. Tampoco puedo precisar quién fué la persona responsable de la decisión, aunque todo parece apuntar a la concejalía de Turismo, bajo cuyos auspicios se realizó esta operación.
Ocho años después, los sanroqueños aún nos encontramos a diario con este elemento cuya presencia en la Alameda se ha vuelto tan familiar como inexplicable, dada su función, o no-función. A fuer de ser justos, una función tiene, amén de su significación como elemento perceptible, y es la de servir de soporte a carteles varios.Pero para esto hubiera servido, mucho más eficientemente, una cartelera convencional, un soporte plano en el que cabrían muchos más elementos, más visibles.
Así, bajo esta dudosa función, el costoso kiosko de madera (un material que a la intemperie requiere un mantenimiento, como ha demostrado no saber quien decidió su compra e instalación) evoluciona bajo el ataque de la meteorología, mostrando día a día las huellas de una batalla que está condenado a perder. La madera descolorida, combada, manifestando su rendición. Se observa en la imagen la aparición de una abertura en una de las esquinas de la base, una invitación para pequeños animales que encontrarán en el interior un entorno acogedor para desarrollarse. Es posible que si algún día decide alguien hacer algo útil con este kiosko, hallen en su interior una urbanización de roedores, una colonia de xilófagos, y quien sabe qué más; madera no exenta de calidad, cristal, vinilo, cuyo destino final es el propio de todo lo que pertenece a la dejadez de quien gasta un dinero que no es propio, que no cuesta trabajo ganar.Hay un viejo cuento zen que refiere la historia de un monje que llegó una fría noche de invierno a un monasterio abandonado. Tan sólo halló en él una figura de madera del Buda. Ni corto ni perezoso, el monje agarró el hacha y partió la talla, encendiendo una hoguera que lo mantuvo caliente hasta el día, salvándole así la vida. El monje paso a formar parte del panteón de los maestros zen, y su comportamiento se convirtió en un ejemplo de lo que debe ser el pensamiento zen, para el que no hay nada sagrado que justifique la pérdida de una vida.
En este caso, salvo algún resfriado que afectara a la persona destinada al kiosko durante los meses en que se mantuvo abierto, tampoco hay costes de vidas que sepamos. Pero me gustaría que se tomara una decisión con respecto a este elemento que nos ha costado el dinero a todos los sanroqueños, y ya puestos, antes de dejar que se siga pudriendo a ojos vista y se convierta en un nido de ratas, casi mejor sería quemarlo en la próxima hoguera de San Juan.Dicho lo cual, que no puede ser entendido, espero, más que como una broma irónica, presentaría algunas posibilidades para su restauración, reubicación y reutilización: ubicarlo en el interior del parque infantil, con un pequeño equipamiento sonoro para acompañar con música los juegos de los niños; en lugar de los cristales, se instalarían pantallas donde se emitirían imágenes de la televisión local, e imágenes captadas por una o varias cámaras instaladas en el mismo kiosko; reutilizarlo como palomar, reubicándolo a más altura, por ejemplo, sobre el Teatro Juan Luis Galiardo, el Búnker, cuyo perfil creo que lo agradecerá. Estas son, en fin algunas ocurrencias para dotar de utilidad a este elemento cuya presencia y cuya degradación diaria, no hace más que recordarnos diariamente el despilfarro de dinero público y la ausencia de criterio y sentido común que en más de una ocasión padecemos en nuestro municipio.
CRÍTICA EXPOGRÁFICA (2): LA ERMITA DE SAN ROQUE.
Cumpliendo con la promesa que le hice a Antonia, una ciudadana sanroqueña que me pregunto acerca de mi opinión sobre lo que habían hecho con la Ermita de San Roque, he aquí este comentario.
Una tarde de esta semana, me acerqué con mi cámara a comprobar la situación en que está quedando la ermita a raíz de las últimas intervenciones, que continúan en progreso (casi eterno).
Lo primero que aprecié, es que cuando caminaba en dirección oeste (hacia la Barriada de La Paz), la visión original que se tenía de la Ermita ha desaparecido, merced a la ubicación del edificio que alberga el Centro de Día para la Tercer Edad y el Archivo Histórico Municipal. En la fotografía se aprecia que tan sólo vemos el tejado de la torre. La infeliz ubicación del edificio nos ha privado a los sanroqueños y visitantes de la visión a media distancia de una construcción tan emblemática.
Actualmente, el peatón sólo obtiene una visión de la Ermita cuando rebasa el Edificio del Archivo (el conductor aún obtiene menos). Y en todo caso, es una visión sesgada, no frontal, que aunque en la fotografía pueda tener su encanto, al estar sitiada (ese es el término adecuado) por el Centro de Día, el Pabellón destinado a sede de la UPE y la actual obra que se está realizando, de la cual ningún responsable ha puesto a disposición del ciudadano una maqueta o simulación de su resultado (sólo hubo planos sin estudio de detalle), preveo un poco halagüeño futuro para nuestra querida Ermita.
Aun a riesgo de equivocarme, lo que percibo a día de hoy, es que se le están cerrando a la Ermita, progresivamente, todos los puntos de vista a media y larga distancia, que va a quedar más empequeñecida si cabe, rodeada de tanta construcción. Lo ideal, me parece a mí, hubiera sido construir el Centro de Día y el Archivo en otro lugar, y permitir que el espacio circundante a la Ermita, quedara abierto. El cesped es buena idea, pero no el camino de loza de barro que conduce hasta ella, ni la plataforma del mismo material que enmarca los tres elementos ante la fachada, un material que con la humedad es resbaladizo, y confiere una dimensión artificial de jardín o chalet, algo que desdice la esencia original del entorno de la Ermita. Por eso, insisto, dejar un amplio espacio de cesped alrededor, habilitando unos bancos, mesas, incluso una zona infantil (para que los niños jueguen junto a un símbolo original de su pueblo), hubiera sido más deseable. Incluso, para resguardar más la desventaja de la escala de la Ermita respecto de los Pabellones, se hubieran podido plantar unos árboles que hubieran actuado como pantalla visual entre éstos y aquella. En fin, que soluciones había.
Una tarde de esta semana, me acerqué con mi cámara a comprobar la situación en que está quedando la ermita a raíz de las últimas intervenciones, que continúan en progreso (casi eterno).
Lo primero que aprecié, es que cuando caminaba en dirección oeste (hacia la Barriada de La Paz), la visión original que se tenía de la Ermita ha desaparecido, merced a la ubicación del edificio que alberga el Centro de Día para la Tercer Edad y el Archivo Histórico Municipal. En la fotografía se aprecia que tan sólo vemos el tejado de la torre. La infeliz ubicación del edificio nos ha privado a los sanroqueños y visitantes de la visión a media distancia de una construcción tan emblemática.
Actualmente, el peatón sólo obtiene una visión de la Ermita cuando rebasa el Edificio del Archivo (el conductor aún obtiene menos). Y en todo caso, es una visión sesgada, no frontal, que aunque en la fotografía pueda tener su encanto, al estar sitiada (ese es el término adecuado) por el Centro de Día, el Pabellón destinado a sede de la UPE y la actual obra que se está realizando, de la cual ningún responsable ha puesto a disposición del ciudadano una maqueta o simulación de su resultado (sólo hubo planos sin estudio de detalle), preveo un poco halagüeño futuro para nuestra querida Ermita.Aun a riesgo de equivocarme, lo que percibo a día de hoy, es que se le están cerrando a la Ermita, progresivamente, todos los puntos de vista a media y larga distancia, que va a quedar más empequeñecida si cabe, rodeada de tanta construcción. Lo ideal, me parece a mí, hubiera sido construir el Centro de Día y el Archivo en otro lugar, y permitir que el espacio circundante a la Ermita, quedara abierto. El cesped es buena idea, pero no el camino de loza de barro que conduce hasta ella, ni la plataforma del mismo material que enmarca los tres elementos ante la fachada, un material que con la humedad es resbaladizo, y confiere una dimensión artificial de jardín o chalet, algo que desdice la esencia original del entorno de la Ermita. Por eso, insisto, dejar un amplio espacio de cesped alrededor, habilitando unos bancos, mesas, incluso una zona infantil (para que los niños jueguen junto a un símbolo original de su pueblo), hubiera sido más deseable. Incluso, para resguardar más la desventaja de la escala de la Ermita respecto de los Pabellones, se hubieran podido plantar unos árboles que hubieran actuado como pantalla visual entre éstos y aquella. En fin, que soluciones había.
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